La venganza del siglo

La forma en que Lisbeth Salander coge las riendas de su devastada faceta emocional y decide rendir cuentas de forma contundente ante su padre es un punto de la saga, el MOMENTO, que a lo largo de toda la lectura anhelamos que se presente ante nuestros ojos desde el preciso instante en que en la primera novela empezamos a descubrir los macabros incidentes que marcan de por vida el devenir de la personalidad de Lisbeth.

No podemos justificar legalmente una venganza de la señorita Salander pero a nivel moral pocas muertes pueden tener más sentido que ésta. Alexander Zalachenko, padre de Lisbeth, se ha ganado a pulso morir, y a ser posible de una forma despreciable y cruel, y satisfacer así los deseos de venganza de Lisbeth e incluso los del propio lector, que ya ha empatizado con la protagonista hasta límites insospechados. Desgraciadamente no son pocos los casos en nuestra sociedad de crímenes y constantes maltratos que merezcan una réplica de la víctima a la altura de las circunstancias y que por ello no resulte penalizada al mismo nivel.  En el caso de Lisbeth, el mermado factor psicológico condiciona todo lo demás y, a pesar de que la ley condene su venganza, moralmente resulta innegable que es una actuación de obligado cumplimiento por su parte.

Alfonso Callejas

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